NUESTRA HISTORIA

5 GENERACIONES DEDICADAS AL RECICLAJE

Los primeros registros de esta empresa familiar se sitúan en el año 1850, donde José Calatayud e Isabel Benavent, naturales de Quatretonda (Valencia), comienzan este proyecto en la localidad de Yecla (Murcia).

Por entonces, los materiales a reciclar eran básicamente trapos, de ahí el nombre con el se les conocía («traperos»). El oficio consistía en recorrer las calles de las poblaciones cercanas con carros tirados por mulas, recogiendo los trapos entregados mediante una especie de trueque, pues se cambiaban tejidos por cazuelas, platos o botijos de cerámica. Los más jóvenes tenían cabida en este comercio pues para ellos había trompos, canicas y algarrobas.

Los materiales recogidos se procesaban en almacenes de la siguiente manera:

  • Selección de los diferentes tejidos: Paño, lana, algodón, lino, soga de cáñamo, crepé (suela de zapatilla...).
  • Prensado del material para reducir su volumen, haciendo las denominadas "balas".
  • Venta de las balas, pues cada tejido tenía un valor económico diferente.

La 2ª generación continuó esta actividad industrial, trasladándose a Valdepeñas (Ciudad Real) y más tarde a Campo de Criptana, ya que en esta zona no había competencia alguna en el sector y era una gran oportunidad para crecer. El negocio familiar en aquella época estaba formado por Joaquina Calatayud y Enrique Aparicio, más sus cinco hijos: Vicente, José, María, Emilio y Miguel.

Vicente emigró a Marruecos, donde montó un desguace de vehículos y un taller mecánico.

José y Miguel dejaron el negocio familiar en el año 1957, debido a la caída de precios de los materiales, por la aparición de nuevos tejidos derivados del petróleo.

María emigró a Francia.

Emilio siguió parcialmente trabajando hasta que pasó la crisis del sector. Empezó a reciclar otros materiales como metal, cartón, plástico y vehículos. Por aquel entonces, las instalaciones se encontraban en la Calle Mariano Fernández y tenían una superficie cercana a los 50 metros cuadrados.

 

Domingo Aparicio Aguilar, hijo de Emilio, continuó el negocio familiar trasladándolo a la periferia de Campo de Criptana, en el año 1983.

 

 

 

Este nuevo recinto tenía más de 10.000 metros cuadrados que permitieron el crecimiento y la diversificación de la actividad, creándose nuevas áreas de negocio:

– Recogida de vehículos.

– Venta de piezas usadas.

– Reciclaje de metales férricos.

Reciclaje de otros metales como plomo, cobre, latón, aluminio, etc.

Las instalaciones actuales fueron inauguradas en el año 2007 y alcanzan una superficie de 31.000 metros cuadrados

 

A día de hoy, Domingo Aguilar y sus dos hijos, Jesús y Eduvigis, siguen construyendo un proyecto firme, serio y lleno de experiencia en el sector del reciclaje.

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